La historia
Las figuras vuelven a encontrarse.
Recreación que hasta este año no pude disfrutar de sus preparativos —la lluvia me conminó en el año de este trabajo fotográfico y agradecido le estoy—. Se monta una escena fija. En el centro, la urna de vidrio y madera dorada. La peana descansa sobre el carro procesional, pero sin varales ni ruedas: aquí no se mueve nada; la idea es «dejadlo reposar y verificad que está muerto».
Virgen de los Dolores (en luto íntegro) preside desde el fondo, elevada dos peldaños, para que no queden dudas de jerarquía.
San Juan ocupa el flanco izquierdo del espectador, brazo articulado apuntando al cuerpo —sigue haciendo de «informador»—.
Fragmento del libro · página 312.