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Parte I · Figuras / 07

Las Tres Marías

Tres maneras de acompañar.

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La historia

Tres maneras de acompañar.

Las Tres Marías de Cerviño forman una pequeña concordia de luto que, cada Viernes Santo, toma las callejuelas como si estrenaran tragedia. Primero llegó la anteriormente nombrada Magdalena, 1877: melena suelta hasta media espalda y, en las manos —articuladas—, el tarro de ungüentos que huele a mirra aunque esté vacío. Unos años después (dicen que 1881, quizá 1883) el propio Cerviño le añadió compañía: Salomé y Cleofás, similares de talle y de pena, cejas finas y curvas, nariz afilada, y de boca pequeña. Sin talle de pies.

Estas tres piadosas mujeres comparten armazón de madera vestible; basta desatarles las mangas para que los cofrades les cambien el luto: terciopelos negros, encajes austeros, a veces un pañuelo bordado en mano o la melena de La Magdalena peinada en sencilla penitencia. Los brazos se sujetan con pasadores que permiten mecánismos: pueden alzarse al cielo, estrechar contra el pecho el frasco o el pañuelo, o señalar la segunda caída del Nazareno. Delicias visuales todas para el infante.

En el Santo Encuentro surgen por el lateral de una de las estrechísimas calles, avanzan en fila, casi rozándose los hombros —siempre con el permiso de los cables que atraviesan «Valentín Losada»—, y buscan con la mirada a la Dolorosa. Cuando se juntan, la plaza se encoge: cuatro figuras femeninas frente al Cristo caído.

Fragmento del libro · página 64.

De la pantalla al papel

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Estas fotografías son una selección. El libro reúne el ensayo completo, con más imágenes, detalles y relatos para mirar sin prisa.

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