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Parte I · Figuras / 11

La Santa Cena

Detenerse alrededor de la mesa.

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La historia

Detenerse alrededor de la mesa.

La Santa Cena de Cerviño es uno de los pasos más visitados el Jueves Santo, me impactaba por la riqueza de los vestuarios y las aceitunas que en más de una ocasión intenté coger cuando era pequeño. Lo encargó la Cofradía de la Misericordia cuando Cerviño aún tenía las manos con el serrín del Nazareno; hablamos de finales de 1880, quizá 1890, cuando el escultor y entiendo que un puñado de carpinteros se encerraron en un partidero de arte en madera, posiblemente en Ponteareas. Para realizarla tomaron como ejemplo la Última Cena del Salvador, que se guarda en Convento de San Francisco en Santiago de Compostela —en mi opinión con una mejora maestra—. El viaje a Santiago del futuro autor fue pagado por la Misericordia, así como su estadía de más de un mes en Cangas, y el transporte de las figuras en un balandro desde Vigo a Cangas, para ser almacenadas —y quizás montadas— en el antiguo almacén de vino de «Ranqueta», personaje del que hablaremos en breve.

Ahí está Jesús, centrado en la mesa, en el momento del: «Uno de vosotros me ha de engañar». Los Doce susurran, cuchichean, se miran de soslayo. De pequeño todos me parecían iguales, pero ahora de mayor me doy cuenta que además de ser diferentes en su faz, Cerviño tuvo la prudencia de tallarles gestos apropiadamente distintos. Como alineación futbolística, diremos que de izquierda a derecha, viendo de frente a Jesús, tendríamos a: Judas, San Bartolomé, Santo Tomás, Santiago el Menor, Santiago el Mayor, San Pedro, Jesús, San Juan, San Andrés, San Tadeo, San Simón, San Mateo y San Felipe.

Pero la magia no está solo en las anatomías; está en la propia mesa. Cada Jueves Santo, se presentan hogazas que se reparten posteriormente entre los vecinos y que yo he intentado varias veces tocar y un fulminante: «¡carallo de neno!» me detenía. Y uvas —reales, no de atrezo—, un cordero que antaño creí comestible —realizado también por Cerviño— y las aceitunas deseadas, así como las verduras ácidas de la cena pascual que había que ir a buscar a Vigo: la escarola. Los decantadores o jarras de cristal tienen vino de verdad —Albariño de Campañó, cuidado en Darvo en la finca de Pepe Arís, en su tiempo—.

Fragmento del libro · página 86.

Las fechas, atribuciones y relatos transmitidos por tradición oral se conservan con sus incertidumbres.

De la pantalla al papel

Hay más por descubrir.

Estas fotografías son una selección. El libro reúne el ensayo completo, con más imágenes, detalles y relatos para mirar sin prisa.

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