La historia
El instante antes del llanto.
Lo estrenamos en 1998, obra de José Darío Vaamonde Silva, y he de decir que me impactó la monumentalidad de sus figuras la primera vez que lo vi. Le vistieron túnica de un rojo oscuro —casi color barrantes de Adonis —, y Vaamonde talló un rostro que parece preceder al llanto: los labios tiemblan y los ojos se clavan en algún punto que la madera jamás alcanzará.
Vaamonde midió proporciones para que el nuevo Cristo no desentonara con la saga de Cerviño —no lo consiguió al parecer del todo—, pues encaja —después de la amputación necesaria— como si hubiese aguardado siglo y pico a que lo incluyeran en la trama. Su espalda inclinada apenas el ángulo preciso de la rendición, y los dedos, entrelazados, contienen una plegaria, mientras sus discípulos —San Pedro, Santiago y San Juan—, al pié, duermen. Erguido, señalando el no tan fatídico destino, el Ángel Confortador.
A día de hoy no procesiona, por estar pendiente de restaurar, de ahí que tuviese que tirar de archivo para esta imagen que tienes a tu derecha, ante la que me disculpo por no poder ofrecer sus detalles en más fotografías.
Fragmento del libro · página 156.