La historia
La figura y la escena de la Flagelación.
La Flagelación que hoy sacude la tarde del Jueves Santo no es la de antaño: en 2019 la Hermandad de los Dolores encargó a Jesús Méndez Lastrucci —el sevillano que firma como Jesús Richarte— un grupo nuevo que sustituyera al viejo paso carcomido por los años. Y vaya si lo hizo: tres figuras de tamaño natural que parecen respirar furia y resistencia —una de ellas apresurada en su hechura por el imperativo de los plazos cofrades—.
En el centro, Nuestro Señor de la Salud: semidesnudo, las muñecas atadas a una columna marmórea. El cuerpo ya luce las primeras llagas; la espalda, un mapa de zarpazos que todavía no sangran del todo pero prometen grietas más hondas. La coronación de espinas no es un adorno: las hebras de sangre —policromía viva— resbalan por la frente y se pierden en la sombra del pómulo. Lo inclina un dolor que no grita; hay en la postura de Cristo un aguante que, visto de cerca, aprieta la garganta.
A cada lado, dos sayones que no dan tregua. Ambos —torsos descubiertos, músculos tensos— blanden los flagelos, capturado por Richarte justo en el instante en que la correa va a silbar. Sus rostros no son caricaturas; son crueles porque poseen la naturalidad de quien está convencido de que hace lo que toca.
Fragmento del libro · página 158.