La historia
Un pequeño
entre gigantes.
Entre sayones de rostro fiero y un centurión que amenaza con su tuba romana, sorprende la presencia de un crío: Francisquiño da Ferramenta —Fransisquiño para mi abuela y medio Cangas—. No llega a la cintura del Nazareno, pero acapara todas las miradas porque sostiene, con bracitos tallados en madera, el martillo, los clavos y las tenazas que sellarán el destino de Cristo.
Cuando la procesión avanza, el pequeño balancea su ferramenta, y es que Cerviño no talló simples figuras: fabricó actores de un guion que, año tras año, sigue ilusionándonos, por mucho que alguno no quisiera verlos en su lugar natural de exposición, el casco vello.
Fragmento del libro · página 238.
La historia detrás del rostro
Una tradición vincula el rostro de Francisquiño con la familia del armador Joaquín Francisco Graña Fandiño, «O Ranqueta», y relaciona su barretina con estampas catalanas o disfraces familiares.
Las fechas no encajan en una de las versiones. Quizás el modelo fuera el Ranqueta de niño; la identidad de ese rostro sigue sin estar clara.
Síntesis del pasaje del libro. Se presenta como tradición oral, no como una identificación documentada.