La historia
El dolor contenido en una mirada.
Nuestra Dolorosa —titular desde 1748 de la Hermandad que lleva su nombre— no es reliquia de un imaginero famoso: la talló posiblemente en 1805 un autor que la historia, celosa, prefirió dejar sin firma, cosa que era lo más habitual en la época, salvo que se tratase de un autor o taller de reconocido prestigio.
Es una imagen de candelero —escultura procesional o de culto en la que solo cabeza, cuello, manos (y a veces los pies) están completamente tallados—. El rostro: serenidad que apenas sostiene unas lágrimas de cristal, cejas finas, boca menuda; todo muy del gusto neoclásico que entonces se respiraba por Europa, aunque aquí, en la penumbra de la excolegiata nos parezca ajeno a cualquier moda foránea.
Como anécdota, uno de los mantos —el viejo— que llevó la Virgen, fue regalado por la “señora de Cervera”, bordado en oro y se sabe que cierto ilustre camarero, descansa en Paz envuelto con el susodicho, de ahí que este no volviese a aparecer. El tiempo y el osario hablarán por ello.
Fragmento del libro · página 20.